miércoles, 21 de mayo de 2008

Coconucos 1 - Santi 0


Desde la primera vez que vi el volcán Puracé (Lengua de Fuego) con sus fumarolas sobre el edificio de arenales incinerados quise ir hasta sus fauces a saludarlo. En este mes de mayo tuve la oportunidad de hacerlo y de paso aprender con él algunas buenas lecciones sobre caminatas de alta montaña y en arenales. Aunque no es ninguna hazaña deportiva tipo Guinnes es la mayor altura que hasta ahora he alcanzado y la experiencia que viví junto a mis amigos René y Oscar me recuerda aquella frase de Maria Iribarne, que se convirtió en un oración de todos los días: "vivir es construir recuerdos futuros". Este ascenso lo recuerdo ahora y seguro durante muchos años por venir. Como quien dice este fincho sí que estuve muy vivo.



De nuevo el camino empezó en Pilimbalá, desviándose en el punto de Las Minas sobre la vía que comunica a Popayán con La Plata (Huila) sobre la cordillera central. La tarde del sábado fue dedicada a la aclimatación y a la instalación de la carpa. Aún no sabía lo que se venía. Después de hacer una breve caminata hasta "las antenas" hablamos con el guradaparques (Juan Carlos, JC) sobre la posibilidad de visitar en una próxima ocasión el mítico Pan de Azúcar (del PNN Puracé), el último y más antiguo de la cadena de los Coconucos. Pero la posibilidad se concretó más rápido de lo que esperábamos y la programamos de una, sin dilaciones para salir en la madrugada del domingo y regresar el día lunes. JC nos facilitó un esquema de la ruta donde las referencias eran los cráteres y sus elevaciones (por cierto algunas erradas, nos dimos cuenta un poco tarde de ello). La idea era que tras 12 horas de camino debíamos llegar hasta unas lagunillas en la base del Pan de Azúcar y el lunes, si el tiempo lo permitía, ascender hasta la altura máxima de 5200 msnm, levantar el campamento y regresar a tiempo para no perder el transporte: que trote tan HP!!. Con esos planes Oscar, René y yo reorganizamos maletas, seleccionamos el menú de cada día y calculamos el agua que necesitaríamos con precisión de mg disque para no llevar un solo gramo de sobra.





El domingo partimos de Pilimbalá a las 4:30 am después de desayunar huevitos revueltos con cebolla y tomate, acompañados de hojaldra, chocolate y arroz. Energía no nos faltaría en el camino. El amanecer nos sorprendió en la roca de los cóndores. Desde ahí veíamos como se prolongaba la cordillera central hacia el norte y las siluetas de sus picos dibujadas sobre el horizonte, aunque el nevado del Huila no se dejó ver esa mañana. Seguimos nuestro camino a través de un hermoso páramo con poco viento y ligera llovizna, lo cual es muy deseable siempre.

Cuando salíamos del páramo y desembocamos a la carretera de las minas que nos llevaría a la antigua base militar, Oscar ya se sentía afectado por la altura y empezaba a desacelerar el paso. Al llegar a la base ya era evidente su dificultad para respirar por lo que era necesario hacer una breve parada. Desde la base se distinguía claramente el límite del páramo y el inicio de los arenales del volcán mostrando claramente un cambio de condiciones climáticas y atmosféricas a partir de ese punto que impiden el desarrollo de la vegetación del páramo.



LA RUTA AL VOLCÁN
Planimetría de la travesía los Coconucos











Antigua base militar




Vía de las minas












Una vez alcanzamos la línea límite del páramo cada paso se hizo más exigente que el anterior, la altura y la arena comenzaron a desgatarnos y reducir el ritmo de la caminada. Sólo los nuevos paisajes y el sobrepaso de la última colina entre nosotros y el cráter del Puracé nos animaban a continuar: 1,2,3...50, tomo aire y avanzo otro poco. A más de 4500 msnm y con 15 kg al hombro yo tenía que contar los pasos antes de recuperar el aire. René se adelantó y yo no quise dejar Oscar solo atrás porque siempre se corre el riesgo de perder el rumbo o quien sabe qué. Los últimos 1000 m fueron muy duros. Finalmente, tras 6 horas de camino (pensabamos que nos tomaría entre 4 y 5 horas) estábamos al borde del cráter de 800 m de diámetro del Volcán Puracé. Magnífico, gigantesco, poderoso. Abajo enormes rocas milenarias venidas desde el mismo averno esperarían mil o un millón de años, o quizás solo un par de meses (nunca se sabe) para se expulsadas cientos de km y formar nuevos paisajes. A nuestra derecha una odorosa fumarola de azufre expulsaba gases hirvientes sin descanso, son vías que comunica este infierno con el inframundo.

EL VOLCÁN









Y tan poderosamente llamó nuestra atención el cráter que ninguno de los tres despegó su vista de él y pasamos de largo los mojones (torrecitas de piedras) que indican la ruta a Pan de Azúcar, luego la neblina impidió ver ninguna otra posibilidad que descolgarse por una de las faldas del volcán hasta llegar a lo que parecía un camino que resulto ser una veta de arcilla. Qué decepción.
Bueno ya estábamos perdidos a 4000 msnm, para un lado arenales y para el otro páramo, sin posibilidad de comunicarnos, perdidos. Qué hacemos? Primero recordar que si no te preocupás te morís, si te preocupás también te morís, para qué preocuparse? Antes que se oscureciera decidimos montar el campamento y cocinar algo bien calentito para recuperar fuerzas. Yo estaba exhausto, inoperante.


En un abrir y cerrar de ojos amaneció en el valle de los perdidos. Después de comer y dormir y con el cielo despejado era claro el laaaargo camino de regreso. Tremenda montaña de arena que debiamos subir. Tomamos un camino paralelo que se veía más fácil de transitar y volvimos al cuentico de contar los pasos antes de tomar aire: 1,2,3...50.

A las 10 am después de 3 horas de camino, de habernos reportado como perdidos a la Cruz Roja y de aguantar una granizada, tuvimos contacto con la civilización y encotramos justo el punto donde nos desviamos del camino, y vimos lo mojones que eran invisibles el día anterior y vimos lenguas de nieve y un venado-conejo muerto por congelamiento y vimos al resto del grupo que ya nos esperaban. Logramos salir del hueco sanos y salvos y quedamos con la firme intención de volver, para intentar de nuevo la travesía de los Coconucos hasta el Pan de Azúcar. Se las canto desde ahora.


ALGÚN LUGAR DE PURACÉ



Venado conejo congelado cerca del cráter.

Al parecer se desorientó (como nosotros) y murió de frío

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